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La casa de tus sueños - critica de cine
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La casa de tus sueños

Cuando el drama sonríe

Un artículo de JBA || 02 / 1 / 2007

Posiblemente quien pensara que el hombre del siglo XXI iba a tener acceso a todo tipo de bienes de consumo que le hicieran la vida más llevadera, no iba del todo desencaminado. Se le habría escapado a su naturaleza clarividente el escaso porcentaje de esos hombres que se encontraría en tan privilegiada situación, la cantidad creciente de los excluidos y el juego diabólico en el que se debía participar para cumplir con el ideal de vida soñada para ser uno de ellos.

Charles Boulin (interpretado por Dany Boon, que además de protagonista es director y guionista) cumple una función básica de engranaje del sistema financiero. Empleado de una entidad encargada de renegociar la deuda del sobreendeudado, su vida diaria transcurre entre ciudadanos que probaron las mieles del capitalismo, cayeron en su tentación de bienes inalcanzables, y en un momento dado se vieron incapaces de cumplir con los pagos mensuales. Boon guionista tiene la suficiente pericia para enfocar una situación que el sistema económico actual ha generalizado como base para una sociedad cada vez más oprimida, asfixiada entre bajos sueldos y una interminable lista de productos convertidos en indispensables por una permanente sensación de insatisfacción generalizada. El mundo retratado entre sonrisas por su cámara está plasmado con la suficiente diligencia como para que cualquiera reconozca en su propia piel o la de muchos de los que se mueven en su círculo cercano, al ciudadano medio al que se ha colocado una soga en el cuello por el único delito de querer algo esencial como es vivir bajo un techo, y que después ha sido rematado por una sucesión de caprichos no esenciales para acercarle a un nivel de vida en el que la única salida es eludir mirar, si quiera de reojo, la longevidad de su deuda. Una situación en que la experiencia demuestra que esa distracción necesaria para seguir conciliando el sueño coloca al próximo bien de lujo cada vez más cercano.

Para hacer más real la situación, el personaje que interpreta y que es una parte activa de ese sistema patológico, acaba de la noche a la mañana convertido de verdugo comprensivo al servicio del sistema en víctima incomprendida, con una naturalidad tal que produce escalofríos en el espinazo del espectador que todavía pueda recordar la guillotina que amenaza su cuenta corriente. ¿Cómo convivir con ese lastre hipotecario durante los próximos 40 años esperando que las circunstancias que permiten ir cumpliendo con los pagos hoy se mantengan durante ese tiempo? ¿qué demonios ha hecho que la bonanza económica en lugar de ahorro para las vacas flacas haya llevado a un endeudamiento tenebroso?

La psicología de los personajes es un elemento determinante para reconocer comportamientos que hasta al más despistado le resultarán nítidamente identificables. El agente inmobiliario que traviste la realidad hasta extremos insospechados por cantidades de euros mareantes (“¿usted diría cualquier cosa por vender, no?”), el vendedor que se suma a ese movimiento desaforado de codicia y se escuda en la percepción de falta de escrúpulos generalizada para querer ser igual de listo que el resto, el comprador inquieto porque se le escape la ocasión de oro que la vida le ha puesto delante para pasar el resto al borde de la úlcera, obreros cuya ausencia de formación no les ha impedido cobrar un poder preocupante sobre quien les paga (y sin que su falta de luces les impida aspirar a ser los más listos) y la mujer y la hija que llevan en el alma y estirpe el derecho a una vida de necesidades sobrecubiertas y que quieren preocuparse sólo por nimiedades con que pasar el tiempo.

Así, cuando Boulin cae en la tentación de una segunda casa, cuando la traición de una amistad imposible -en un escenario en que el provecho propio disfrazado de euro pasa por delante de todo- le deja de patitas en la calle, cuando trata de remodelar su nueva adquisición para aumentar su valor y ve como su nivel de vida se descontrola con una facilidad pasmosa, el público debería reconocer unos males demasiado cercanos que se acercaron seductores para encadenarnos a una condena sin más salida que una huida hacia delante de deudas y oscuridad.
Contraponer sus angustias a la frivolidad de un mundo que sigue moviéndose con indiferencia a su alrededor, la lógica de su evolución y lo cómicas que resultan situaciones cotidianamente trágicas, son la mejor razón de ser de una película que debería ser visionado obligado para todos aquellos que planean visita al banco, a su estimado agente inmobiliario, al concesionario de lujo o a la sección de electrónica de cualesquiera grandes almacenes con financiación a 36 meses.

Boon, que trajo esta historia de una adaptación de su obra teatral La vie de Chantier en la que realizó notables cambios para dar el salto a la gran pantalla, deja en aspectos de ritmo y acabado visual una buena representación del cine francés. Porque La Casa de Tus Sueños, que en algunos tramos puede recordar a Esta casa es una ruina (The Money Pit, 1986) a pesar de que el optimismo en la resolución anda por una dirección diferente, tiene lugar en nuestro país vecino donde los excesos en la construcción poco tienen que ver con los nuestros (superamos cómodamente a la suma de los de Alemania, Francia y Reino Unido), con una productividad en mínimos históricos, un endeudamiento calificado repetidamente de insostenible –y creciendo– y en donde la angustia de unos muchos financia la riqueza obscena de unos pocos que imponen un juego de victoria imposible.
En estas situaciones, que mejor para distraer la atención que una comedia a la vista de que la vida se lleva mejor con una sonrisa. Aunque no debió ayudar mucho en el 29.

FICHA TÉCNICA DE LA CASA DE TUS SUEÑOS

Título original: La maison du bonheur

Fecha de estreno: 29-12-2006

Año: 2006 Duración: 100 min

Director: Dany Boon

Guión: Dany Boon
Intérpretes: Dany Boon, Michèle Laroque, Daniel Prévost, Zinedine Soualem, Laurent Gamelon

Lo mejor:  

-La habilidad para retratar una situación incómodamente real y desarrollarla con ritmo y coherencia.

Lo peor:

-A algunos hipotecados les dificultará olvidar el número de años que todavía han de trabajar para el banco.

Puntuación:

6,5

La tortura del hipotecado, diseccionada con habilidad y humor de toques clásicos.



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