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El Prestigio (El Truco Final) - critica de cine
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El Prestigio (El Truco Final)

El truco está en la puesta en escena

Un artículo de Diego Salgado || 16 / 1 / 2007

Christopher Nolan sigue sin cruzar la barrera que separa lo espectacular y lo efectista del cine realmente perdurable

¡Qué mala suerte hemos tenido este invierno! Tres películas con un tema tan atractivo como el de la magia, tres películas simplemente aceptables. Claro que en Scoop las actividades del mediocre mago encarnado por Woody Allen no aportaban más que una débil excusa dramática, y El Ilusionista no pasaba de ser un bonito castillo de naipes que derrumbaban en el último minuto los resoplidos indignados del público. El Prestigio convierte en cambio el truco, el engaño, lo maravilloso, no ya en la obsesión de sus dos antagonistas, sino en la estructura misma del film –como se explica, honestamente, en los primeros instantes- y en una metáfora sobre dos tipos opuestos de creatividad; por lo que el hecho de que la película esté lejos de cumplir las expectativas prometidas supone una decepción, sí, pero que no invalida los numerosos atractivos atesorados por la historia.

Historia, hay que apuntarlo ya, que lo debe todo -personajes, sorpresas, complejidad estructural- a la novela homónima en que se basa la película, obra del británico Christopher Priest que ganó el World Fantasy Award en 1996 y fue editada en castellano por Minotauro sin que, para variar, la haya leído nadie que uno conozca. Desde aquí se recomienda a quien crea hallarse ante algo excepcional viendo la película que recupere el libro como pueda, y que descubra en sus páginas la profundidad y la verosimilitud que faltan en pantalla.

No resulta difícil entender, en cualquier caso, por qué Christopher Nolan y su hermano Jonathan eligieron El Prestigio como base de su guión, y por qué el primero la ha dirigido. El enfrentamiento entre dos magos victorianos que cuenta Priest, progresivamente obsesivo y siniestro, le va como un guante al realizador de Memento (2000) y Batman Begins (2005), películas caracterizadas por la turbia determinación de sus personajes principales y por una deconstrucción narrativa que desarbola las expectativas del público y también, en cierto modo, las certezas que pudieran albergar los protagonistas sobre los hechos que les incumben.

El problema surge del tiempo y el mimo que puso Priest en conjugar armoniosamente la catarata de elementos psicológicos, ingeniosos y fantásticos que abarrotaban la intriga; y del fracaso de los hermanos Nolan a la hora de sintetizarlos sin perder por el camino el mágico –y nunca mejor dicho- equilibrio que mantenían por escrito. De manera que la película es interesante, fascinante incluso en varios momentos de su primera mitad; pero a medida que la trama se complica exteriormente pierden fuelle las motivaciones íntimas de los personajes y la creación de una atmósfera propicia a los desvaríos argumentales que ametrallan al espectador.

Posiblemente tenga mucho que ver en ello la impericia visual de Nolan como director. El Prestigio, como Batman Begins, es una película rodada en formato panorámico y ambientada suntuosamente. Pues bien, Nolan insiste en una planificación alicorta, fea, descuartizada por el montaje, incapaz de transformar una sucesión de números más o menos brillantes en un conjunto trascendente. Como sabe cualquier mago, y se resalta más de una vez a lo largo del film, el efecto final de un truco escénico depende sobre todo de la puesta en escena. Y Nolan no sólo no la domina, sino que parece no tener ningún interés en hacerlo.

Por supuesto, los aspectos de producción, el reparto, y la innegable ambición de los Nolan, hacen que El Prestigio esté lejos de ser un fiasco. Es un entretenimiento por encima de la media. Que decida cada cual si eso le basta.

FICHA TÉCNICA DE EL PRESTIGIO (EL TRUCO FINAL)