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Un cuento de Navidad - critica de cine
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Un cuento de Navidad

Inversión de valores, advenimiento de una nueva moral

Un artículo de Diego Salgado || 30 / 3 / 2009
Un cuento de navidad

Desplechin formula una nueva ética colectiva, muy difícil aún de aceptar, que deja a un lado condicionamientos tradicionales para cimentarse en la biología y la razón.

El séptimo largometraje de Arnaud Desplechin (único estrenado en España) tiene un mérito evidente: ostenta una equivalencia de considerable honestidad artística entre lo que propone como ficción y lo que intenta como cine.

En el primer aspecto, el cineasta francés trata un género manido, el de reuniones familiares festivas donde salen a relucir las miserias del clan pero se alcanza una catarsis complaciente, de manera insólita. Para Desplechin, las películas “no surgen de la realidad sino del inconsciente”, y ese planteamiento desemboca en que los personajes de Un cuento de Navidad se comporten casi como una troupe teatral: sin que casi en ningún momento se rompa la ilusión de lo cotidiano, lo que representan (el concepto de representación es básico en esta película) son las corrientes más turbias y subterráneas de su personalidad y las de sus familiares, en vez de las habituales simulaciones pactadas, que hubieran llevado a buen puerto emocional el drama, al precio una vez más de sacrificar la verdad.

Ello da lugar a una franqueza brutal y desconcertante entre ellos que dejará en fuera de juego a los apóstoles de los buenos (falsos) sentimientos, a los gendarmes de la paz social. No es casual que, una vez terminada la película, gravite sobre todo su metraje una cita de Nietzsche expresamente declamada por el patriarca de la dinastía Vuillard, Abel (Jean-Paul Roussillon), sobre buscadores de conocimiento que en el fondo están buscándose a sí mismos; ni tampoco que Desplechin se muestre obsesionado con los sacrificios, los tabúes y “la imaginería cristiana”. Ni que la acción del film se ubique en Roubaix, lugar donde nació. Un cuento de Navidad aspira tanto a quebrar las convenciones de toda una cultura occidental anclada en sentimientos, vínculos afectivos, miedos y esperanzas agonizantes, como a exorcisar los fantasmas del autor (no faltan tampoco en la película las presencias numinosas). Y no cabe concluir que el paisaje después de la batalla sea yermo: lo que está formulando Desplechin es una nueva ética colectiva, muy difícil aún de aceptar, que deja a un lado hipocresías y condicionamientos tradicionales para cimentarse sobre la biología, lo desprejuiciado, lo lúcido y lo lúdico.

Como decíamos, la concreción formal de Un cuento de Navidad se corresponde con tales intenciones: renuncia a un rigor clásico para exponer su discurso, y prefiere confiar en la intuición, los cambios de ritmo y registro, el uso y abuso de la cultura (cinéfila, libresca, musical) a modo de comentario enriquecedor de sí misma… consciente Desplechin de que escapar a las componendas ideológicas exige revolverse contra las expresivas. Otro pensador, Ralph Waldo Emerson, tiene papel destacado en la película, y su reflexión acerca de que “toda costumbre es modificable, y está en nuestra mano hacer otras asimismo provechosas e incluso mejores” es guía obvia de Desplechin a la hora de construir Un cuento de Navidad.

Ahora bien, Emerson también escribió que “para quien sabe adónde va, están abiertas las puertas del universo”, y Desplechin a veces se las encuentra cerradas. Abandonado al ingenio y las divagaciones, a una inteligencia que a veces es sólo listeza, a los excesos de un reparto encantado de ejercer como rueda de transmisión eufórica de sus proclamas provocadoras, se pierde en caminos secundarios y hasta callejones sin salida que, por meritorios que sean como síntomas de su búsqueda, no dejan de causar una impresión fatigosa de autoindulgencia, de artista entregado a maniobras distractivas que le alejan del objetivo principal y le hacen errar el tiro contra él. Numerosos cronistas están calificando Un cuento de Navidad de obra maestra, y hay en tales opiniones un componente irónico: teniendo en cuenta que muchos de esos escribas se encuadran ideológicamente en un progresismo que no constituye más que el remozado farisaico de los rancios dogmas contra los que arremete Desplechin, de ser verdaderamente la película una obra maestra, de haber logrado con sus propósitos hacer diana plena, ahora mismo estarían poniendo el grito en el cielo.

En cualquier caso, esta es una película sobre la que no parece tan interesante concluir si es muy buena o muy mala, como si vale la pena que el espectador pierda dos horas y media de su vida viéndola pese a sus insoslayables errores. Y la respuesta es sí. Por conocer a Desplechin, porque se trata de una propuesta inusual, porque está llena de momentos brillantes, y porque merece que cada cual tase individualmente hasta qué punto satisface sus enunciados nietzscheanos en torno a la inversión de valores y el advenimiento de nuevas morales.

FICHA TÉCNICA DE UN CUENTO DE NAVIDAD

Título original: Un conte de Noël

Fecha de estreno: 30-03-2009

Web oficial: www.uncontedenoel-lefilm.com |

Año: 2008 Duración: 152 min

Director: Arnaud Desplechin

Guión: Arnaud Desplechin,
Intérpretes: Jean-Paul Roussillon, Catherine Deneuve, Anne Consigny, Mathieu Amalric, Melvil Poupaud, Hippolyte Girardot, Emmanuelle Devos, Chiara Mastroianni, Laurent Capelluto, Emile Berling.

Lo mejor:  

-La ambición del cineasta francés.

Lo peor:

-Cierta autocomplacencia de actores y director en lo que están intentando.

Puntuación:

6

Para forofos del cine de autor francés, que en esta ocasión ofrece lo mejor y lo peor de sí mismo.



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