Una cinta mal explicada, repleta de vacíos incomprensibles.
Luc Besson lleva algunos años tocado por la falta de inspiración. Prueba de ello son sus trabajos previos a esta Colombiana. Bien podemos citar el despróposito de su último esfuerzo como realizador, Adèle y el misterio de la momia, así como una extraña afición por estirar su largometraje animado Arthur hasta convertirlo en una vaga trilogía. Entre tantas, se dedica a la producción de otras cintas de acción cuyo resultado acaba adquiriendo la tónica de lo liviano.
Colombiana puede interpretarse como un deseo del director de recuperar dos de las cintas que le labraron la fama, Nikita y León, el profesional, dos obras que ahondaban en las personalidades de dos asesinos y en sus andanzas hacía un absoluto vacío existencial. Besson aquí se reserva el título de guionista (junto a Robert Mark Kamen) y productor y le deja la tarea de la dirección a Olivier Megaton. Estos tres nombres ya se habían unido en otra de las trilogías de las que Besson es parte pensante, Transporter, y es que parece que el director galo quiere insistir en el mismo tema una y otra vez.
Colombiana repite de alguna forma lo que ya había expuesto en los antedichos títulos. De hecho, muchos se han apresurado a tildarla como una nueva Nikita, y en cierto modo tienen razón. Aquí tenemos a una niña de nueve años, de nombre Cataleya, que presenciará la muerte de su padre y, desde ese preciso instante, sabrá que lo único que la moverá en su devenir es la sed de venganza hacia el responsable de la matanza. Por supuesto, al igual que aquella Nikita, Cataleya es una joven atractiva, huidiza en terrenos del corazón, y presa de su propia jaula que lucha por encontrar su lugar social.
Los cimientos del filme proponen la fusión de varios recorridos. Por un lado, asistimos a las correrías asesinas en las que Cataleya se entretiene hasta dar con su perseguido criminal. Por otro, tenemos las pesquisas policiales de la CIA y del FBI, asombrados ante la retahíla de cadáveres que va dejando a su paso la bella Colombiana (orquídea que deja la asesina como seña de identidad en cada homicidio). Finalmente, tenemos las conversaciones de los villanos de turno que sirven para entretener al personal a falta de bazas mayores. En esta carencia de una sólida trama es donde Colombiana provoca el bochorno.
Para hacer las cosas peores, Colombiana es una cinta mal explicada, repleta de vacíos incomprensibles y de pasajes sobreros, que no sabe manejar unos mínimos elementos. Ausentes las secuencias de vibrante acción (salvo, quizás, en sus últimos tramos) y de una narrativa mínimamente lógica, lo único que se puede agradecer es la elección de Zoe Saldana como Cataleya. Su escultural presencia y su mirada enigmática hacen mínimamente sostenible su metraje, aunque ni la propia la actriz parece creerse muchas de las líneas de texto que debe pronunciar. Y es que, lo que parece una cinta que centra su atención en la bella y torturada protagonista, desperdicia a Saldana dando mayor cabida a un sinfín de interpretaciones pésimas que únicamente sirven para inflar sin una base argumental exigua.