Primavera Sound 2008

Un año más, y ya van ocho, el Primavera Sound se confirma como uno de los festivales con más peso e interés dentro de la península y fuera de ella. En su octava edición se ha seguido con la línea artística arriesgada y de calidad que han mantenido como sello de marca. A pesar de haber bajado el numero total de asistentes (60.000 personas con respecto a los 62.000 del 2007), el público foráneo ha ascendido hasta el 40% de los asistentes.
La apuesta ha sido además expandir el PS por la ciudad de Barcelona, pudiendo disfrutar de parte de él por diversos puntos abiertos y gratuitos y en diferentes salas durante los días previos, si bien el grueso se sigue celebrando en el Foum.

La edición de hogaño se va a recordar como la del regreso de Portishead a los escenarios, o como la de unos resucitados dinosaurios del garage, The Sonics. O quizás quede como la del paso de los veteranos Public Enemy, o incluso como la del año en que Enrique Morente y Lagartia Nick reproducieron su Omega. De lo que no cabe duda es que se sigue ofreciendo una programación ecléctica y de nivel, en dónde los cabezas de cartel se conjugan con perlas que seducen a pequeña escala, y a la vez, con grupos que prometen dar mucha guerra en años venideros.

Todas las imágenes, Copyright del Primavera Sound


Para saber que dio de sí el festival, y cuáles fueron sus principales alicientes, lo mejor será que nos acompañen por el siguiente recorrido de las jornadas del evento.

Jueves 29

En su primer día el PS congregó a 19.000 personas que no tuvieron ningún reparo en que el día siguiente fuera laborable. La programación del día fue tan atractiva que fue difícil no verse empujado al absentismo laboral o al escolar / universitario. Ese día el hip hop pasó a un primer plano, después de que la organización recibiera muchas criticas por haber olvidado este estilo durante sus pasadas ediciones, algo que se compensó en tan solo una jornada.
La caja de ritmos frenéticos la abrió el rapero Edan junto al MC Dagha. Este chico de Boston es un virtuoso del cut & copy, y lo demostró con solvencia encima del escenario. Su background musical hace que su música se mueva en terrenos inhóspitos, pasando por sonidos retros de funk y soul, hasta el hip hop “new school”, mezclado todo ello con psicodélia y rock setentero.

Al más puro estilo Bob Dylan en el video Subterranean Homesick Blues, su colega Dagha fue lanzando vinilos por el escenario de esos grupos clave de los 60’s y 70’s mientras el público respondía entusiasmado ante la performance. Es tal el carácter desinhibido y sin complejos de Edan, que consiguió uno de los mejores momentos de la tarde con su mezcla de These Days de la Velvet, (con la voz de Nico sobresaliendo) con una base rítmica extraída de un tema “old school”. Con todo esto, y viendo su habilidad con el sampler y la rima, no es de extrañar que descripciones como el “Borges del hip hop” o el “hombre renacentista del hip hop independiente” le vengan como a la nata al pastel. Todo un gozo para los sentidos el directo de este artista, que sin duda va a dar que hablar en un futuro cercano.

De un artista en crecimiento a un grupo clásico del hiphop que marcaron una época y a toda una generación. Y eso es lo que vinieron a demostrar los Public Enemy con su actuación del álbum It Takes a Nation of Millions To Holds Us Back. Los norteamericanos jugaron sobre seguro al interpretar el largo por el que serán recordados. Su sonido en directo fue quizás en exceso fidedigno al disco, en ese sentido dieron pocas concesiones a la libertad creativa y de acción que permite el directo, y se intuyó cierto estancamiento en unas canciones basadas en un sonido fuerte, varias voces jugando a la vez, con un bajo funk marcando el ritmo, y un Dj sampleando los pasajes sonoros.

El show con militares desfilando por encima de los escenarios, Flavor Flav y su enorme reloj colgando de su cuello, y Chuch D lanzando consignas políticas parece no haber cambiado mucho respecto a sus lives en los ochenta. La brocha de oro a la jornada más hip hopera del festival, la pusieron los veteranos De La Soul, con su sonido más alegre y vivo, que hizo bailar y recargarse de energía a todos los presentes.

A la misma hora coincidía la actuación de Explosions in the Sky, un cuarteto de Austin que elevan la categoría de post-rock a lo más alto del podio. Se les considera los alumnos aventajados de Mogwai, pero visto su excelente 'live' en el Primavera, afirmaciones como ésa quedan en entredicho. Los de tejas se sirven de tan solo tres guitarras y un batería para crear unas atmósferas que van creciendo progresivamente hasta explotar en una tormenta de sonidos distorsionados. Juegan y traspasan constantemente la frontera que separa el sonido celestial con el noise de las guitarras distorsionadas, creando de esta forma un sonido noise-melódico envidiable, en dónde la falta de voz parece ser un estímulo para llegar a cotas más altas con su instrumentalización.

El otro plato fuerte de la noche fue la primera actuación de Beth Gibbons y los suyos (al día siguiente ofrecieron otro show en el Auditori del Forum). Los de Bristol hipnotizaron a los presentes con un repertorio con muchas concesiones a su nuevo álbum Third, pero dejando también espacio para sus temas clásicos. Gibbons conquistó a la multitud con su voz emotiva y penetrante. Deleitaron con un sonido más oscuro y obsesivo, el cuál, por culpa de la ubicación de los escenarios, sufría a ratos invasiones sonoras de otros escenarios. Un handicap que se repitió en algunos conciertos, y que queda como uno de los pocos inconvenientes del festival a corregir, tarea complicada por otro lado, dada la infraestructura del Forum.
El jueves también fue el día de prueba para equilibrar a los dos hypes de la temporada. A primera hora, empezaron los MGMT. El dúo de Brooklyn se vio mutilado parcialmente por la mala franja en el que fueron ubicados. Entre que mucha gente se encontraba fuera del recinto, en alguna de las colas que se formaron, o bien orientándose en él, y con el añadido de que su sonido épico-psicodélico funciona mucho mejor en franjas nocturnas, su directo se vio un poco dilucido a pesar de las buenas expectativas.

Sin embargo confirmaron que Oracular Spectacular no es fruto de un golpe de suerte, ya que el grupo lleva ya unos años en esto de la música a pesar de no haber publicado hasta este año.
El otro hype del año también procedían de Nueva York, los Vampire Weekend hicieron bailar de goce al público con su pop de reminiscencias world, fresco y divertido, y con claras influencias al pop de Paul Simon. Un directo efectivo, con subidas y bajadas correlacionadas con los hits de la banda.
La jornada concluyó con Midnight Juggernauts y su electrónica de baile apta para todos los públicos, con un estilo en la estela de Justice.

Viernes 30

El viernes fue una jornada intensa y con gran variedad de estilos y propuestas. A última hora de la tarde salieron a la palestra uno de esos grupo surgidos de la ciudad de Los Angeles, escenario que vive un especial renacimiento musical. No Age es un dúo que cabalga entre el noise, las guitarras electrizantes y el art punk. Una propuesta interesante para los más atrevidos. Al poco tiempo de que empezará la actuación de No Age, la mayoría salió a la búsqueda de The Sonics, legendaria banda garage de los 60’s, que la mayoría daba por muertos o desaparecidos. The Sonics ofrecieron un recital que fue de menos a más. Empezaron como una banda de pueblo tocando viejos éxitos rockabilly, para acabar sucumbiendo a la rabia y la fuerza de sus propios éxitos de antaño.

En el mismo escenario, el escenario principal, actuaron los Devo. Los de Ohio son un grupo ya veterano que habría que tener en cuenta para cualquier festival que se aprecie. El grupo representa el mejor ejemplo de cómo tomarse en serio lo cómico y lo surreal. Devo supo compaginar a la perfección su repertorio musical con una puesta en escena divertida y surrealista, que hizo las delicias de sus seguidores y del público en general. Durante su hora y cuarto de concierto no faltaron temas estelares como Gates of Steel, Girl U Want o su personal versión de Satisfaction, ni tampoco su particular indumentaria con el cono rojo incluido.


Antes del pop sintético y la new wave de Devo, los gourmets de la electrónica pudieron disfrutar de Model 500, uno de los proyectos que mantiene en paralelo Juan Atkins, el cuál tiene en su haber ser uno de los pioneros del techno de Detroit. Model 500 se enfundo en una sesión llena de virtuosismo y energía que hubiera sido más acertada programar para altas horas de la noche.

Tras la actuación de Devo la gente se agrupó en masa en el escenario Estrella Damm, ahí tocaban The Go! Team. Los ingleses realizan un indie electrónico tan heterogéneo como el que conforman los diferentes componentes del grupo. Su música cambia de terreno musical a una velocidad de espanto, y el resultado final es un directo intenso e inclasificable en dónde la turmix puede con todo tipo de estilos y mezclas. Globalmente se puede definir como energía fresca y desbordante. La voz y la pasión con la que la cantante se resuelve por el escenario son admirables y muy contagiosos. Grip Like a Vice y Ladyflash son temas tan potentes que resulta inconcebible dejarlos fuera de cualquier fiesta, y así los entendieron estos chicos de Brighton.

Después de cargarse uno las pilas, la próxima estación fue el directo de The Rumble Strips. Este cuarteto ingles sorprendió con un show extenso y calculado. Los de Devon, se parecieron demasiado a Madness en algunas canciones, en otras a Dexy’s Midnight Runners, y en otras a Franz Ferdinand, lo que da que pensar que a este grupo les falta consolidar un sonido propio, en dónde los impulsos soul que tanto se les atribuyen, les puedan ayudar a conseguirlo. Sobre los escenarios cumplieron de forma digna a juzgar por el feedback positivo de un público muy bailador. Otro concierto interesante del día fue el de Cat Power. La cantautora Chan Marshall demostró su poderío vocal con versiones de canciones que le han influenciado y con las que se siente cómoda. Y por supuesto el concierto de Portishead en el Auditorio, el favorito del PS para muchos de los que pudieron asistir.

A esa hora en que tu mente ya no sabe si son altas horas de la noche o bien primeras horas de la mañana, actuaron los Holy Fuck. El conjunto de neo electro canadiense dio buenas dotes de lo que son capaces de lograr encima y fuera del escenario; ruidos indescifrables, atmósferas perfiladas por artefactos analógicos y sacarle mucho humo al sintetizador.

Sábado 31

El último día del festival empezó temprano con la actuación de una dama del soul. La cantante Mary Weiss de las Sangri-las hizo ímpetu de su voz portentosa pero no acertó demasiado con la elección del repertorio, a excepción de un abrumador Remember (Walking in the sand). Luego llegó el turno de Okkervil River. Esta banda de country-rock y folk de Austin, (otro hervidero musical norteamericano) hizo un directo vigoroso y esplendoroso, el cuál sorprendió a los presentes por su fuerza y su desenvoltura escénica, con lo que el público les respondió con la misma entrega.

El sábado también hubo tiempo para el hip hop de la mano de Clipse. Dúo de hermanos norteamericanos que beben de los clásicos para generar su sonido, y que realizaron un directo aceptable. A la misma hora tocaban Dinosaur Jr. en el escenario principal. Esta banda norteamericana nacida en los 80’s dio una lección de ruido y distorsión de guitarras. Además se permitieron interpretar algún himno generacional como Feel the Pain.

Antes Enrique Morente y Lagartija Nick interpretaron el disco Omega ante el deleite de todos los presentes. Su versión del Halleujah de Cohen fue uno de los momentos del día y del festival. Poco después de Dinosaur Jr. se presentó una propuesta muy alejada al indie rock de los norteamericanos. Tinderstick presentaron su nuevo trabajo de estudio, en dónde la voz de Staples vuelve a sobresalir sobre un conjunto melancólico y apagado, y en dónde su lento tempo hace que sea difícil de digerir dentro de la programación de un festival como el Primavera.

Hacia las 02.00 de la madrugada, la gente fue volviendo de sus respectivos escenarios para concentrarse en el escenario principal, en dónde fue la hora de los Animal Collective. Este grupo de acid folk de Baltimore hizo lo imposible para reproducir su particular sonido encima de un escenario, y de forma sorprendente se salieron con la suya y con creces. Con tan sólo dos sintetizadores y una guitarra, Noah Lennox y los suyos hicieron un directo potente, lleno de matices y sonidos irreproducibles acompañando a melodías emotivas. Fue sorprendente ver el éxito de público a pesar de lo arriesgado de su propuesta. Quizás la respuesta estuvo en un directo muy bien planteado y en ofrecer piezas de la envergadura de Peacebone, Grass o Who Could Win a Rabbit. Después del buen sabor de boca algunos se dirigieron al escenario ATP en dónde Awesome Color enseñaban su debilidad por el hard-rock setentero.

Antes de que la lluvia rompiera la tregua, y para aquellos que aún guardaban fuerzas o que las habían adquirido de forma sorprendente, Simian Mobile Disco ofreció una sesión sin complejos con beats electrónicos y con referencias a bandas sonoras clásicas. Y fue entonces, en la última canción que pincho el dúo inglés, cuándo esclató el diluvio que todo el mundo había estado temiendo a lo largo del festival. Fue entonces cuándo el cielo descargó todo lo que hasta entonces había estado guardando por respeto a los artistas y a su público, y sobretodo, por salvaguardar los tres grandes días de música procedente de estilos y nacionalidades distintas pero con un mismo denominador en común: la calidad.


-Marc Muñoz