Jon Avnet

Me gustaría comenzar preguntándole por cuestiones generales. No es habitual hablar con alguien que ha estado en el negocio del cine más de 25 años y que ha pasado por todos sus sectores: desde la producción, a la dirección y el guión... además habiendo trabajado en TV y filmado tantas películas. Así que, ¿cuáles son para empezar las grandes diferencias que aprecias entre el momento en el que iniciaste tu trabajo y la situación que vivimos hoy día?
La mayor diferencia entre el momento actual y cuando yo empecé hace ya casi 30 años es la fragmentación de la audiencia y la naturaleza ubicua de los medios de comunicación. Hay tantas formas de contar historias, tantas historias de hecho, que es más difícil encontrar algunas que sean lo suficientemente especiales como para llevarlas al cine. En televisión, la realidad compite muy favorablemente con los dramas y comedias de ficción. Las tres redes (que ahora han pasado a ser cuatro) están perdiendo poder progresivamente y desde el cable se están haciendo programas muy buenos e innovadores.

De acuerdo con su punto de vista ¿el cine está en forma -como industria y fuente creativa- especialmente teniendo en cuenta la importancia de la piratería y esa molesta tendencia a hacer y rehacer una y otra vez la misma película?
Creo que el cine está siendo engullido por largas campañas publicitarias y conceptos globales del marketing que se disfrazan de películas (y algunos son realmente buenos). Muchos son solo conceptos de marketing. Lo que hace que el cine sea saludable son los escritores (escritores y directores), los contadores de historias de todo el mundo que tienen algo que decir y han encontrado nuevas formas interesantes de contar esas historias. La piratería devalúa la creatividad y funciona a dos niveles: a través del robo directo y el robo vía internet. Esto último se está convirtiendo en un gran problema al pasar a ser un hábito: ¿por qué comprar algo que puedes tener gratis? En cuanto a las secuelas son solo otro indicativo de las pautas por las que se rigen la mayor parte de las historias y se explican porque entre otras cosas estas son más promocionables que las películas originales.

¿Está usted de acuerdo con la opinión de que las series de TV están liderando actualmente la creatividad y la posibilidad de contactar con el espectador más que el cine (teniendo en cuenta el éxito de fenómenos como Lost, Heroes, 24, House etcétera)?
Para mí es verdaderamente difícil tomar una posición en ese sentido. La TV se encuentra en forma y con vitalidad y creatividad, y la televisión por cable se ha convertido en un refugio para voces con propuestas originales. El cine independiente se encuentra con mucha vitalidad también, aunque muchas de sus propuestas no alcancen a audiencias muy amplias.

Sin pretender entrar en cuestiones de su vida personal, usted ha pasado diez años alejado del cine y centrado en TV, algo que choca teniendo en cuenta su posición privilegiada a mediados de los 90, cuando se encontraba en primera línea...
Verás, en 1996 me ofrecieron hacer un film sobre la sublevación en el gueto de Warsaw en 1943 que iba a ser llevada a cabo por la Disney. Pasé cinco años investigando y escribiendo el guión con Paul Brickman (quien escribió Risky Business para mí). Era una película muy personal. Finalmente y por circunstancias de negocios, terminé haciendo el film para la televisión de EEUU. Fue muy exitosa y me tomó mucho tiempo. Lo mereció pero me dejó fuera del circuito de cine al nivel que comentas. Produje la primera cinta de Rodrigo García (Cosas que diría con sólo mirarla) y la primera cinta de Kerry Conran's (Sky Captan y el mundo del mañana), además de la primera cinta de David Frankel (Rapsodia en Miami). También me encargué de la serie Boomtown en la televisión americana que ganó todos los premios excepto el Emi. Así que ese fue mi desvío, que espero haya concluido.

Hay una lucha tópica entre productor y guionista de la que se habla mucho en el mundo del cine. Teniendo en cuenta que has estado en ambos frentes ¿podrías describirnos cómo es realmente y desde tu experiencia la situación?
Por definición, producción y dirección están frecuentemente enfrentadas. Un director debe soñar y luchar con compromiso hasta el último minuto en que sea posible hacerlo. Un productor debe ser concreto, tangible y orientar en los resultados. Nunca resolverás ese conflicto. La dirección del escritor es más sutil. Últimamente en los cines hay un autor o voz primaria de la creatividad, el director (con excepciones). Muchos escritores nunca estarán contentos con esa situación y por lo tanto también entrarán en conflicto. Como frecuentemente adopto ambos roles en las películas que dirijo, puedo confesar que la parte de director que hay en mi personalidad no habla con frecuencia en los términos que le gustaría a la parte de productor de mi personalidad.

Además, hay una perspectiva repleta de confusiones a propósito del trabajo del productor. Sería una buena ocasión para saber algo más de las funciones creativas que hace un productor, y de explicar a la gente que no se trata solo de mover dinero.
Un productor verdaderamente creativo puede ser el autor del film. Jerry Bruckheimer es un ejemplo. Ellos pueden encontrar una fuente, desarrollarla y darle una impronta creativa, especialmente con un director inexperto. La descripción del trabajo varía mucho, así que realmente no es fácil hacer generalizaciones que resulten aplicables.


En el caso de tu última película estrenada en España, 88 minutos, ¿qué implica a un director la búsqueda de ritmo basada en tiempo real y el traslado de un guión con trucos y trampas? ¿Se confía mucho en el respaldo del guión y el proceso de montaje? ¿Hay opciones de improvisación, más contando con el protagonismo de Pacino?
88 minutos fue delicada. El guión necesitaba bastantes ajustes. Trabajé de forma muy próxima con Al Pacino en el guión y hubo mucho de ensayo y de reescritura basada en esos ensayos. Hubo improvisación dentro de la estructura de la historia, Al es tan brillante y da tanto de sí que frecuentemente has de apartarte del camino. Irónicamente, él es enormemente sensible en ese sentido.

El personaje de Pacino en 88 minutos no era rotundamente positivo, se trata de alguien al que se le atribuye un lado secreto del que teóricamente no debe estar orgulloso. No obstante, el espectador sigue el guión pendiente de su lucha por sobrevivir. ¿Qué se requiere para lograr esa dualidad (la empatía y el carácter complejo) que Hitchcock practicó tan bien? ¿cuánta importancia tiene un actor como Pacino en esa tesitura?
El personaje de Al está angustiado. Esa es la clave del papel y su razón de ser. Es alguien que quiere justicia a un nivel totalmente personal y que redefine la moral universal basándose en su historia personal. No creo que la mayor parte de la gente lo vea inmediatamente, pero lo terminarán sintiendo. Ese es otro de los dones de Al cuya habilidad implica tanto en la creación del personaje sin emplear palabras. Nuestra empatía por él se cristaliza al final cuando llegamos a entender su problema. Y entonces es cuando en efecto debemos preguntarnos “¿qué haríamos nosotros?”. Había una línea que yo adoraba pero que pero que no fui capaz de hacer funcionar en el film: la verdad, la justicia ¿dónde se cruzan?

Siguiendo con Pacino, él es uno de los más admirados y talentosos actores. Tras 88 vuelves a trabajar con él en 'Righteous Kill', donde se le une al reparto ni más ni menos que Robert De Niro. ¿Cómo ves a ambos actores ahora, en este punto de su carrera donde los críticos consideran que ya han hecho todo lo importante que podían hacer y se limitan a administrar prestigio? En tu opinión ¿cuál es la gran diferencia entre este tipo de actores y el resto?
Al y Bob son iconos porque están en lo más alto del juego. También son objetivos, objetivos por cualquier elección que toman. Si eligen una opción pueden ser ridiculizados por salirse del encajonamiento que algunos les imponen. Si no lo hacen, se les cuestiona por jugar demasiado seguro. Es una situación sin victoria en un nivel, y en otro da mucha libertad porque no pueden cumplir con todas las expectativas y por ello han de centrarse en las suyas. En 'Righteous Kill' (Matanza justificada) es muy apasionante porque están todo el rato untos en pantalla. Es un buen viaje.

De nuevo a propósito de grandes actores: una de las primeras cosas que destacan en tu curriculum es haber producido una de las primeras cintas de Tom Cruise y que a la postre se cita como su salto a la fama: Risky Business. ¿Hubo algo diferente, algún tipo de intuición entonces sobre cómo de lejos iba a llegar?
Cuando conocí a Tom Cruise en su audición para Risky Business pensé que tenía más presencia y carisma que ningún otro actor que haya conocido en mi vida. Pensé que iba a ser una estrella, lo supe claramente.

Al menos en España, Tomates Verdes Fritos tiene la condición de película de culto. ¿Tiene esa misma consideración en EEUU? ¿Cómo es la satisfacción de creer que, a pesar de que muchas veces es difícil acertar con una película, al menos se ha realizado una que es tan querida?
Tomates verdes fritos fue una película muy satisfactoria para mí como cineasta. Fue personal, fue pequeña y pareció ser recibida muy bien en culturas muy diferentes. Es algo difícil de entender a un cierto nivel ya que hablamos de algo muy específico en cuanto a que enfoca al lado sureño de Estados Unidos. Pero es muy gratificante ver ese tipo de amor a una película. Surge de algo personal, como parte de tu familia, y se embarca en un viaje alrededor del mundo. A cierto nivel es simplemente incomprensible.

Y finalmente y a propósito de nuestra industria del cine, España siempre está sufriendo y quejándose de los diferentes problemas que tiene para contactar con la audiencia y financiar su cine. El cine español clama constantemente por ayudas públicas y culpa a Hollywood como responsable de sus males por el poderío de su industria. Como productor ¿cómo ves este tipo de situación y qué crees que puede resultar útil para combatir una industria tan poderosa como la estadounidense? ¿recuedas algunas cintas españolas?
Adoro al cine español. Me gustan sus voces, el color, la música, su cultura. Desde Buñuel a Almodóvar ¡bravo! Espero que las voces de su cultura puedan florecer. Con optimismo, los problemas para conseguir que se hagan esas películas hará que esas cintas hechas puedan llegar a ser memorables.


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