Kill Zone

Precedido por su fama y por una intensa rumorología, posi-blemente intencionada. Así llega Killzone, que podría convertirse en un flaco favor. Muy posiblemente no está a la altura de todo lo dicho, pero pese a ello, no decepciona y consigue justificar parte de lo que se venía exagerando en su nombre. El trabajo del grupo programador Guerrilla ha sido tan elaborado que en pocas partidas uno sólo puede pensar en una cosa: batir al rival, superar la misión.
Killzone nos lleva a un futuro postapocalíptico donde la atmósfera formada por destrucción nos sumerge sin tregua en un auténtico caos. La trama de colonización planetaria, se ha llevado a cabo con la inspiración de las guerras más conocidas, de tal forma que Vietnam, Stalingrado, las trincheras de Somme, etcétera están grabadas en cada uno de los escenarios para luego darle un lavado de cara que lo inserte en su planteamiento de futuro condenado. Para ello, el apartado gráfico recrea con combinación de escenarios abiertos y pasajes estrechos un avance agónico en que acompañados de nuestro equipo notaremos la presencia rival en cada rincón. Sus paisajes desalentadores se amplian gracias al tema sonoro, que por un lado nos acerca a la lucha en primer plano, pero a la vez reproduce en la distancia gritos lejanos y la destrucción propia de una guerra que afecta a todo el planeta.
La lucha en equipo, a pesar de la eminente individualidad del juego, se convierte en un instrumento de apoyo que no sólo nos ayuda a avanzar con algo de ayuda, si no que favorece la inmersión en el papel, siguiendo sus orientaciones si es necesario, o viendo cómo cada uno actúa con tanta cautela como contundencia una vez desvelado el siguiente objetivo. Previamente habremos escogido a cual de ellos manejar, participando de sus propias características. Una vez hecho comprobaremos cómo técnicamente éste parece ser uno de esos títulos que tiran al máximo del procesador rentabilizando la consola, si bien hay cuestiones técnicas concretas como el cambio de planos al aproximarse a un objeto –cómo se redibujan para evitar que el zoom deteriore la imagen– que ocasionalmente pueda mostrarse brusco, o escasos momentos de clipping y otros detalles menores, estos en nada repercuten en su sentido de la acción y por el contrario dibujan unos decorados excepcionales por los que nos moveremos totalmente concentrados.

[ Munición, más munición]
Aún cuando habría sido deseable disponer de mucho más tiempo para profundizar aún más en Killzone, las misiones superadas son muestra del espectáculo que Guerrilla se ha propuesto crear, con una descarada inversión en la acción más directa en parte por una inteligencia artificial dejada en segundo plano respecto a los restantes aspectos técnicos. El enemigo basará su poder en la cantidad, en la sorpresa y en nuestra temeridad. Al igual que nuestros compañeros a veces se dirigen demasiado alegremente a sus objetivos, ellos también pecan de una falta de cuidado al enfrentarse a nosotros. Pero cuando los vemos aparecer al otro lado de una esquina, cubiertos esperando para dedicarnos alguna ráfaga, o deslizándose por cuerdas desde el techo, la emoción por la auténtica batalla sube el valor del juego muchos enteros.
Disparar es una auténtica descarga de adrenalina por cómo se ha enfatizado en la reproducción del fuego tanto visual como sonoramente. Los destrozos que causamos en elementos cercanos, cómo los azulejos van saltando y cómo tenemos que parar a cargar en un plano perfecto en que vemos nuestras manos ágiles realizar el proceso, es de esas cosas que hacen que nuestra tensión lance un mensaje directo: “más, más, más”. También ayuda la variedad de armas, que tiene un catálogo amplio en cuanto a repertorio y distintas propiedades, además de contar con las granadas y el ‘segundo disparo’, y las fijas que podamos utilizar en el decorado, dispuestas estratégicamente para aniquilar en masa al ejercito invasor.
Killzone tiene su rival más poderoso en la consola de Microsoft, en Ps2 hay pocos que puedan competir con él globalmente, y probablemente ninguno en cuanto a espectáculo. Tiene defectos forzados por la lógica combinación de pretensiones de derroche y acción rápida, pero son secun-darios y nos hacen centrarnos en la excepcional labor de producción y diseño de arte. La fotografía consigue personalidad, identificarlo y darle regusto propio, y ese es un mérito de por sí fuera de lo normal. Además engancha desde la toma de contacto, y su mapeado, evocando guerras sobradamente conocidas por la historia del cine, nos implican tanto como los retoques atmosféricos que se han servido para la ocasión.
Para continuar con sus aspiraciones de número uno, la faceta multijugador se ha abierto y aparte de un modo dos jugadores a pantalla partida, cuenta con un modo on-line por red para hasta 16 jugadores con todas las competiciones posibles salvo, al parecer, el modo cooperativo. Lamentablemente es algo que no hemos podido comprobar.
De todas formas los usuarios de la consola de Sony amantes de la acción más cruda, especialmente si no disponen de una X-Box con Halo 2 o no se han paseado por Doom 3 en PC, tienen las cosas muy claras este mes de diciembre. La guerra ha empezado, y esta es una zona mortal. Pero muy divertida.•


-T.García