¡Malditos Críticos!

Mal le irán las cosas a quien confíe ciegamente en la opinión de un crítico de cine. Es algo que el lector seguramente tendrá presente, y a pesar de todo seguro que se lo plantea más de una vez antes de pasar por taquilla (en el caso de que siga haciéndolo y no haya sucumbido al DivX, pero eso ya es otra historia). En algunas ocasiones sí pueden funcionar como gurús de la cartelera, cuando el lector ha comprobado reiteradamente gustos similares con un crítico concreto, pero aún así difícilmente se mantendrá regularmente la coincidencia y la función crítica quedará por tanto limitada a la de un entretenimiento derivado de otra obra, la película, pero que autónomamente debe servir como lectura a la vez que aporta un punto de vista y algo de conocimiento sobre la producción y/o sus autores.

Lo habitual es que las perspectivas de crítico y espectador sean alejadas por cuanto al crítico se le supone un bagaje fílmico, una cantidad de películas vistas, que se convierte a su vez en lastre a la hora de orientar a quién acude con mucha menor regularidad al cine y por tanto no todo le suena a vulgar y a mil veces visto, y no le pueden llenar obras exóticas por el solo hecho de diferenciarse del resto. Al menos esto sucedía con el crítico tradicional...
Pero con ello ya nos estamos metiendo en la identificación de algunas de las clases existentes, con la vieja escuela, cuando en los últimos tiempos han crecido exponencialmente (hay quien dice que los blogs han convertido a la red en una entropía de estupidez que lucha inútilmente con el sexo) y por tanto internet ha sacado al exterior el crítico que todos llevaban dentro (y por el camino, algunas otras de sus características).

Lejos de demonizar el fenómeno, y sin considerarnos libres de pecado por mucho que tratemos de evitar algunas de las conductas descritas (y por mucho que a lo largo de los años hayamos intentado fomentar redactores equilibrados) esta queda como una identificación de críticos que puede resultar útil al lector... y en el caso probable de que ya se sienta crítico, orientarle en cuanto a qué filas engrosar.

Ilustraciones: Samu y Beleita


[ El natural]

Llegó a la crítica cuando abrir un blog costaba menos de cinco minutos (tras infructuosos intentos en las fases en que costaba quince y diez). Sus comentarios podrían ser recogidos de entre las frases que se intercambian a la salida del cine los espectadores que un viernes por la noche han acudido a la proyección como fase previa a una cena o a la cita en un bar de copas (lo suyo no es la literatura). Excesivamente dado a cargar con énfasis y sin justificación a favor o en contra de algún aspecto irrelevante y a realizar comparaciones de vocación creativa (“más larga que el piropo de un tartamudo”, “más pesada que una vaca en brazos”) su querencia por las frases hechas echa en falta sin embargo uno o varios puntos de gracia para encontrar verdadero sentido. Ni en la forma ni en el fondo supone una gran aportación, pero Google te inunda de ellos cuando buscas información de alguna película.


[ El natural-graciosete]
Evolución del anterior cree que todo es un chiste o una ocasión para hacerlo. El típico simpaticón cargante y voluntarioso que se vale de las risas por educación en la vida real pero que en su “página huep” echa en falta unas enlatadas para acompañar a sus vanos comentarios que podían ir sobre cualquier cosa, pero mira, van de cine. Lo suyo no es la documentación ni el análisis, probablemente ni el séptimo arte, pero ha acabado ahí porque quería tener un público y ha decidido que eso de las pelis es cosa suya porque le gustaba tomar palomitas a oscuras viendo algún que otro bodriete en navidad.



[ El friki-freak]

Con todo el respeto al freak como buen amante dedicado a sus aficiones, este está un paso por encima de aquel, e incluso por encima del que comete el error de darle mucha más importancia a esas aficiones de la que realmente tienen. En su caso, su conocimiento concreto de lo que no deja de ser un producto de entretenimiento se vuelve en causa vital y por otro lado arma para denostar a todos aquellos que no saben cuántas temporadas vivió Spiderman en cómic, o a quienes no pueden recitar de memoria y por orden de aparición las diferencias entre el libro de Tolkien y la adaptación de El Señor de los anillos. En sus blogs, su conocimiento estresante se traduce en una necesidad de exhibicionismo de datos cargantes que a su vez se ilustran con palabras grandilocuentes que no siempre quieren decir lo que significan, y que rara vez vienen a cuento.



[ El trascendental-existencial]
Variante elegante y sesuda del ‘frik’ anterior, su posición de conocimiento en la vida viene más por una sensación propia de ser tipo ilustrado (asfalto para la pedantería pura y dura) que no por un conocimiento real constatable. Se tiene a sí mismo por un ser eminentemente cultural sin tener que cargar con el conocimiento del friki-freak, y esta libre por tanto de su obligación de demostrarlo con su ristra de datos. En su caso basta con ocultarlo todo en reflexiones caprichosas expresadas de forma ininteligible, confundiendo la función del lenguaje de comunicar, con la de un supuesto exhibicionismo irritante que al mismo tiempo parece ocultar algo. “Decadencia insoslayable, traslación dislocante, alexitimia interpretativa coyuntural, displasia argumental alternante, hipertrofia narrativa en dos planos...” La búsqueda de términos densos con los que despistar sobre la oquedad de su discurso es mareante, alcanzar en su lectura el verdadero significado es lograr un premio que era mejor abandonar en la penumbra de su discurso, por redundante o, en el más habitual de los casos, equivocado.
Rara vez su posición cultural en la vida se corresponde con un currículum de estudios brillantes (y a menudo sucede lo contrario, pero encontró en esta pose un atajo para la intelectualidad con el que compensa viejas calabazas).



[ El garante de la historia]
Autoproclamado defensor de la exactitud matemática, no puede contemplar una obra de ficción sin establecer una comparación milimétrica, evidentemente incoherente, entre su relato y aquello que pudo pasar en la realidad. Todo con una rotundidad que nos hace dudar si él realmente es parte presencial de la historia, y de si lo que pretendíamos observar era una película o un documental de Michael Moore para derrocar a Bush. Si aquello por ejemplo va de trescientos soldados enfrentados a un enorme ejército basándose en un relato antiguo, el tipo en cuestión estará dispuesto a adentrarse en una biblioteca y a acometer su primera lectura de un libro en años para contarlos uno a uno, todo con tal de ganarse el derecho a ser puntilloso al iluminarnos sobre sacrílegas contradicciones entre ambas fuentes. Así nos permitirá apreciar el inmenso, y posiblemente apocalíptico, daño cultural del que él nos puede salvar. Desgraciadamente el mérito se relativiza cuando esa búsqueda (labor de documentación lo llaman) lleva apenas dos minutos en google y el atento visionario que nos descubre las contradicciones ha sido alertado a su vez por otro de los suyos que pasa su vida universitaria en un foro y lo ha leído a su vez en alguna web extranjera (internet siempre alentando las reuniones de gente interesante, se sabe).


[ El “yo-estuve-allí”]
Subespecie del “crítico natural”, en su caso la película, sus autores e intérpretes, merecen tanta atención como él. Es la consecuencia lógica del “todo vale” que practican en su ácrata naturalidad y puede revestir a su vez varias modalidades: tenemos al que inserta los “yo” y “en mi opinión” indiscriminadamente, como si hubiera dudas de que aquello es poco más (de hecho menos) que su opinión; el que pretende reforzarla tirando de curriculum “en mis estudios de cine de un curso de fin de semana de ‘cine y vino’ en Logroño...”; el que nos detalla cómo fue su visita al cine en una confesión autobiográfica de crítica-diario (“recogí a mi hermana y a su cuñado, nos fuimos a jugar a los bolos y después de tomarnos unos nachos nos dio por ir a ver una peli, y me dije, qué bien, porque soy crítico...”); o en el extremo opuesto del “glamour”, el que hace del ‘yo-estuve-allí’ una filosofía Forrest Gump. En este caso su intención es tratar de que entre tantas opiniones irrelevantes, la suya resuene especialmente valiéndose de su experiencia en el entorno o supuestos contactos más o menos relevantes (“en la rueda de prensa que yo presencié...” , “el director que habló conmigo un rato antes me dijo”... “el actor-extra que hace de árbol, que es conocido de un amigo de mi primo y le dijo una noche entre copas que...”). Capítulo aparte merece el que “como estuvo allí”, no es ya que sepa más que los demás, es que reconvierte su fascinación en agradecimiento: le gustan las películas con las que naturalmente se aburriría, pero el sólo hecho de haber estado en su presentación le lleva a un gozo autosugestionado como pago a la simpatía profesional de los actores en el acto de prensa.


[ El misántropo-odio-al-cine]
La pasión por el cine que cabe suponer a quien pasa la vida entre películas, en su caso ha acabado por ser, inevitablemente, una suerte de tortura con la que carga y en la que nada de lo que ve en pantalla merece para él ser relatado, ni tiene función alguna de entretenimiento. Víctima de la sobresaturación de cine, es incapaz de apreciar que su utilidad como crítico se ha desdibujado cuando su discurso se dirige a espectadores mucho menos regulares que él al visitar la sala de proyecciones, y que por tanto no tienen por qué odiar de la misma forma cintas por el solo hecho de que sus historias no sean completamente novedosas. Es fácil que la obra más rara del cine turco o un documental iraní sobre la cría de ganado en el desierto le conmueva y se gane sus halagos, motivo por el que acrecentará todavía más su distanciamiento con sus lectores, víctimas colaterales de su peligrosa orientación si deciden seguirla como guía de la cartelera. Muy frecuentemente su amargura se traduce en alguna ramificación ideológica con perezosos tintes reivindicativos, frecuentemente dirigidos a mostrar su sensibilidad hacia la explotación del obrero sufridor y a clamar a los cielos por la opresión del pueblo por capitalistas perversos. Lamentablemente, su posible discurso democrático-exaltado choca en el fondo –y no tan en el fondo– con el desprecio que realmente siente (y demuestra) por el resto del mundo por no coincidir con sus cascados gustos.


[ El “como-me-mola-la-vida”]
Agradecido por la posibilidad de escribir sobre cine y fascinado por el hecho de compartir un punto de vista sobre el séptimo arte con vete-a-saber-quién, le inunda el gozo de pensar que aporta algo al mundo con sus opiniones festivas. Es el reverso simpático y estomagante del misántropo antes descrito, que hace preferible el odio del anterior por entretenido, y por aquello de que siempre consuela que otro esté peor de ánimos en la vida. Al que nos ocupa, todo le gusta, todos los actores son geniales, todos los argumentos son graciosos u originales... “tó er mundo eh hueno”, dicho en pocas palabras. Tiene querencia por la palabra “estupendo/a” y en algún momento de sus críticas suele citar algún nombre del reparto acompañándolo del “está magnífico” para demostrar que él de esto sabe y que su auto-otorgada capacidad de juicio no es gratuita. Con el tiempo puede llegar a degenerar en el misántropo si no se acaba dedicando a otra cosa y su afición empieza a pesarle, o si las cosas en la vida real simplemente se le tuercen. Por lo demás parece que asiste al cine a ver las películas con una piruleta, y que de ella le gusta hasta el palo.


[ El dictador cubano]
Aprovechando la supuesta atención del respetable, se ventila un texto de 5000 palabras compartiendo sabiduría y divagaciones, y se queda más ancho que largo. Su perorata es generosa en digresiones, mezclas esquizofrénicas de temas, y a todas (incluso a las eventuales referencias a la película, que a veces parece olvidar) las acompaña de una tendencia a filosofar que en el mejor de los casos tiene efectos sedantes (aunque probablemente el lector voluntarioso tenaz, acabará obligado al consumo de hiboprufeno o cosas más duras). En sus largos escritos además puede dar cabida a cualquiera de las actitudes de los críticos anteriores, multiplicando exponencialmente sus efectos irritantes gracias a la acumulación de ideas, y pidiendo a gritos una deserción agradecida.


-Redacción