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Jet Set Willy - clasico de videojuegos
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Jet Set Willy

¿Quién me pone la pierna encima?

Un artículo de MG || 12 / 12 / 2001

Un año antes de que naciera el que muchos citan como padre de los plataformas (Super Mario Bros, de Nintendo), apareció en el aguerrido Spectrum un sorprendente videojuego que, tomando elementos de habilidad de su predecesor -Manic Miner-, y una historia absurda y delirante, creaba un juego con una grandísima personalidad que cautivaba con sus multiples cualidades. Hoy, más de quince años después, internet sigue plagada de lugares en que se recuerda la alargada sombra de la mansión del señor Willy.

Jet Set Willy

Matthew Smith es a día de hoy un hombre muy buscado en ciertos círculos de la red. Los mitomanos nostálgicos no sólo hacen acopio de roms y emuladores, también hay 'sites' dedicados íntegramente al estudio de juegos que por uno u otro motivo han dejado huella en un momento de especial significado. Y este hombre tiene para muchos el gran mérito de haber cocinado en su singular mente, uno de los productos más 'sui generis' del entretenimiento doméstico de la década de los 80. En una situación en que los 8 bits no daban para demasiado, en qué las mayores preocupaciones se centraban en definir conceptos, buscar estilos y crear formas de diversión, él agrupó los escasos recursos gráficos del Zx, y los utilizó para dar forma a lo que posteriormente se llamaría un plataformas, introduciendo un entorno de profundo surrealismo que absorbería con su ambientación lúgubre y obscurecida.

Primero había creado Manic Miner (finalizado en 1983), en el que nuestro pequeño blanquecino personaje ya tenía que medir milimétricamente cada uno de sus movimientos a lo largo de 20 pantallas para recolectar todos los items y así ir avanzando a través de las mismas. El resultado fue muy aplaudido y la habilidad y tesón que exigía le convirtió en una gran manera de perder horas enganchado a la pantalla.

Y fue después de éste programa, cuando su protagonista Willy, enriquecido por los resultados en la mina, se encontró inmenrso en una estúpida misión por su novísima gran mansión.

El juego



La pintoresca trama, que llevaría a nuestro blanquito hombrecillo a sufrir todo tipo de adversidades, colocaba a un Willy enriquecido -había cambiado su casco de minero por un sombrero de copa- en una extraña situación en la que su ama de llaves no le dejaba ir a dormir hasta que arreglase todo el estropicio formado por una de sus fiestas.
En la carátula del videojuego se ilustraba el momento en que sus excesos pasaban factura y su estomago se revelaba (Willy echando los higados en su WC), y del mismo modo la primera pantalla se iniciaba en el momento posterior al allí captado: el cuarto de baño, junto a un retrete con vida propia.
Los efectos alucinógenos de sus excesos alcohólicos, servirían también de excusa para esa puesta de escena en la que nuestros adversarios eran seres de lo más rarito. Cabezones narigudos, malintecionados cocineros, conejitos bailones, pingüinos e incluso las posesiones de Willy como libros, vajillas etc. eran parte de ese ejército de las tinieblas que con sus movimientos rutinarios de bucle, sacaban toda la habilidad del paciente jugador para buscar el momento perfecto en que esquivarlos y así poder dedicarnos a nuestra gran recoleta de objetos (83 en total, aunque había alguno invisible y alguno que puntuaba doble).

El trabajo era de una complicación tan extrema, que pocos -muy pocos- serían capaces de llegar si quiera a estar cerca del objetivo. En realidad, el mismo era imposible. Hubieron varios "pokes" oficiales para paliar ciertas deficiencias que evitaban que aún derrochando horas y persistencia, se pudiera llegar a vaciar las más de 60 pantallas del juego (60 oficialmente pero habían 4 más extremadamente ocultas).
Muchos de los aficionados al JSW, simplemente se dedicaban al difícil reto de ir pasando las pantallas (olvidando la inmensa complicación de recoger nada), para poder deleitarse con la siempre sorprendente decoración de otra habitación, o acaso encontrar algún recóndito lugar de los muchos que habían por toda la casa.
Contemplar esas inquietantes figuras moviéndose rítmicamente en la oscuridad, las variadas formas arquitectónicas de las plataformas (distintas dependiendo del tipo de estancia en el que estuvieramos), era algo que nos turbaba e indefectiblemente nos obligaba a tratar por todos los medios de ver que habría en la estancia contigua.

El éxito de Willy



Hemos mencionado ya la multitud de websites dedicadas a nuestro ínclito amigo Willy. El eterno recuerdo que muchos le guardan no es sino la consecuencia del gran éxito que tuvo desde su primera aparición. Conversiones a todos los soportes de 8 bits, incluyendo incluso un innovador y -siguiendo con lo que parecía la política de la casa- enervante sistema de protección para tratar de mermar la pirateria, la cual le perjudicaba particularmente por ser uno de los títulos emblemáticos del momento (se incluía una larguísima tabla de combinaciones de colores en el reverso de la carátula, y se nos preguntaba por los ubicados en cierta ubicación de forma alternativa para comprobar que poseíamos el original), hicieron que sus aventuras llegarán a la mayoría de los aficionados al género de esos días.

Tras Jet Set Willy, una secuela sin excesivos alardes imaginativos buscó dar más de lo mismo a aquellos que deseaban más habitaciones y, con un argumento de similar congruencia, la mansión se alargaba de manera absurda. Al parecer tantos ajetreos habían hecho mella en su morada tras la primera aventura, y por ello contrató a unos extraños (cómo no) personajes para que le hicieran las pertinentes reparaciones. Misteriosamente y por propia voluntad, estos introdujeron habitaciones a diestro y siniestro en las que para variar se instalaron todo tipo de extraños habitantes. Dejando de un lado lo absurdo del planteamiento, entre habitaciones de la anterior entrega se ubicaban otras de nuevo diseño (así entre la primera y la segunda habían dos más), proponiendo repetir andanzas con más camino por recorrer.

Tal manera de entender las secuelas podría resultar para algunos una burda carencia de imaginación, pero los verdaderos seguidores habían encontrado en el juego virtudes que se alimentaban precisamente de la cantidad de pasajes por las que introducirse, por lo que cuanto más, simplemente mejor. Con este mismo espíritu, con posterioridad, lejos ya de las versiones oficiales, empezaron a diseñarse por manos de habilidosos programadores aficionados, multitud de continuaciones que se publicaban en diversas webs. Se crearon editores de pantallas para que los menos versados en programación pudieran dedicarse también a hacer sus propias creaciones, y cuando todas estas posibilidades de extensión estuvieron explotadas, vino el momento de los remakes: conversiones a PC actualizando los aspectos mínimos para sin perder en simplicidad, poder disfrutar al máximo intemporalmente de este grandísmo clásico.

Es por todo lo expuesto que muchos, en devota muestra de agradecimiento, siguen buscando al señor Smith para rendirle tributo en persona y hacerle las miles de preguntas que se han venido formulando en todo este tiempo sobre su creación. Pero el caso es que, pese a los esfuerzos, siguen sin encontrarlo por ningún lado.
Tal vez, teniendo en cuenta lo absorbente de su videojuego, convendría fijarse la próxima vez que deambulemos por la mansión de Jet Set Willy, no fuera caso que uno de sus inquietantes inquilinos, resultase ser algo más allá de una simple unión de pixels...

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