Fandigital y Comicdigital emplean cookies para determinadas funcionalidades. Si continúa navegando asume la aceptación de las mismas.
El señor del Libro - especial de cine
Buscar en
Estás en CINE >> ESPECIAL >>

El señor del Libro

Un artículo de JBA || 20 / 12 / 2003

“Un anillo para encontrarlos, un anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas en la Tierra de Mordor donde se extienden las sombras”

Elfos, enanos, hombres mortales... todos dominados por el Señor Oscuro. Alguien quiso ver una vez un paralelismo con la época en la que El Señor de los Anillos fue relatado, con la guerra que estallaría en un mundo real de bestias guiadas por un dictador mientras de forma irregular John Ronald Reuel proseguía su relato. Él, a la vez que contradecía esta idea con datos cronológicos, decía que su narración “nació mientras se narraba”, y que su primer motivo por encima de todos fue “el deseo de un cuentista: probar la mano en una historia realmente larga, que mantendría la atención del lector, lo diveritiría, lo deleitaría, y a veces quizá lo excitaría o lo conmovería profundamente”.

Advertía en uno de sus prólogos que para ello se guíaba únicamente por sus propios sentimientos, su percepción personal de lo que era atractivo o conmovedor. Siempre más fácil la crítica, él la aplacaba humildemente en referencia a quienes encontraron alguna vez su libro “aburrido, absurdo o despreciable”, y así decía en su introducción “yo no tengo por qué quejarme, pues pienso casi lo mismo acerca de sus obras, o de los tipos de libros que evidentemente prefieren”.


En esta última afirmación, en la distinción de cómo entendía los tipos de historia, la literatura que le motivaba, y aquella otra que rechazaba, se encierra la visión presente en todos los seguidores del género fantástico, la de un niño que se sumerge en historias y leyendas imposibles a las que intentar creer, y con las que aderezar vidas insulsas.
No sabía entonces que acabaría por ser el máximo representante de esta idea en la literatura, y que casi 90 años después de comenzar a redactar El Silmarillion en una larga convalecencia, conquistaría idéntico trofeo en el séptimo arte. Se recuperaba entonces de las heridas de granada que había sufrido estando destinado con los fusileros de Lancashire, poco después de haberse licenciado con honores de primera clase en lengua y literatura inglesa. Las raíces de la odisea homérica de la comunidad empezaban así. Con una unión de su experiencia bélica y de su demostrado esplendor con la lengua que le distanciaba de la mediocridad de cualquiera de sus compañeros. Eso a pesar de que para él, “los modos en que el germen de una historia utiliza el suelo fértil de la experiencia, son extremadamente complejos, y cualquier intento de definir el proceso no es más que un mero atisbo de una evidencia inadecuada y ambigua”.
De ahí que aún con todo lo que pudiera haber vivido, todo aquello que pudiera haber aprendido, y todas las aficiones que le hubieran servido de inspiración, Tolkien hizo una mezcla propia en la que su imaginación se desbordó, y a su manera, le acabó convirtiendo a él en el poseedor de un poder con el que atrapar a miles de seguidores, a todo tipo de lectores no bajo un anillo, sino bajo un libro con el que atarlos en la luz de sus delirios.
Y se hizo mayor la desproporción cuando uno de sus discípulos se propuso acabar a lo grande lo que no había logrado una versión animada de Ralph Bashki, con dibujos realizados sobre personajes reales. Peter Jackson consumó el traslado con el que muchos soñaron, poniendo imágenes extraordinarias a los lugares por los que un largo peregrinaje había pasado cruzando líneas de grandes letras. Algunos renegaron de sus licencias en la adaptación, de cómo este reinterpretó ‘libro sagrado’. De las inserciones de historias de amor incrustadas... Algunos quisieron una vez más criticar lo realizado, a pesar de que difícilmente pordían recurrir al “aburrido, absurdo o despreciable”.
Más, cuando otros se lanzaron a sus versiones extendidas, se zambullían una y otra vez necesitando más del mundo que vertía letras en celuloide, e incluso con el mismo arrojo que el pequeño Frodo, hicieron larga travesía de más de 10 horas de proyección contínua en versiones extendidas

¿Se cierra la historia después del señalado 17 de diciembre? Si nunca se ha cerrado para todos los que han venido releyendo sus páginas en sentido ritual, año tras año, obligación y devoción impagable, es porque a la vista está que nunca podrá cerrarse. El anillo sigue ejerciendo indestructible su poder y sigue dominando. El hombre oscuro, desde sus tierras de Mordor, no tiene ni la mitad de poder que la pluma de su creador.



Buscar EL SEÑOR DEL LIBRO en

Buscar EL SEÑOR DEL LIBRO en NEWS









© Revista Fandigital.es 2000-2015
Revista iPad / | Contactar