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¿Es un borracho? ¿Es un vagabundo? No, es Hancock

Un artículo de Diego Salgado || 16 / 7 / 2008

UN REPARTO MÁS QUE HUMANO



¿Qué decir a estas alturas de Will Smith, que con la película que ha protagonizado previamente a ‘Hancock’, ‘Soy Leyenda’, ha recaudado 600 millones de dólares y que con la siguiente, ‘Seven Pounds’, probablemente obtenga su tercera nominación al Oscar? Actor de múltiples registros, cantante con varios Grammys en su haber, puede que sólo haya una faceta que aún le suponga un desafío: la de productor. Su sello, Overbrook Entertainment, creado junto a Ken Stovitz y James Lassiter, ha estado ligado a todas las películas que ha rodado desde ‘Alí’, pero ahora ha decidido abrir su abanico de intereses y auspiciar proyectos en cuyo reparto no figure como estrella: en primer lugar, ‘The Human Contract’, un drama coral que constituirá el debut como realizadora de su mujer, Jada Pinkett Smith; y, a continuación, ‘Lakeview Terrace’, que interpretarán Samuel L. Jackson y Kerry Washington.

Tampoco Charlize Theron necesita presentación, sus bellos rasgos acompañan nuestro día a día gracias a las múltiples campañas publicitarias a las que se presta, y sus cualidades interpretativas han quedado plenamente refrendadas con el Oscar a la mejor actriz logrado por ‘Monster’ y la segunda nominación que le procuró ‘North Country’. La sudafricana aparecerá en la que será una de las cintas de 2008, ‘La Carretera’, adaptación de la novela homónima de Cormac McCarthy; aunque, como a Smith, empieza a atraerle intervenir en labores familiares y de producción: la veremos en ‘Battle in Seattle’, que dirigirá su marido, Stuart Townsend; y ejercerá la producción ejecutiva de ‘The Burning Plane’, primera experiencia del guionista Guillermo Arriaga tras la cámara, en la que también encarnará el papel principal.

El último vértice del extraño triángulo emocional planteado en ‘Hancock’ lo personifica Jason Bateman, actor televisivo de gran popularidad en Estados Unidos gracias a las series ‘Arrested Development’ y ‘Silver Spoon’, cuya transición a la gran pantalla se ha saldado con aciertos como ‘La Cosa Más Dulce’, ‘La Sombra del Reino’ y, especialmente, ‘Juno’, donde destacaba en la piel de un padre inmaduro que tonteaba con la adolescente protagonista. Batman acaba de concluir la filmación de ‘State of Play’, drama criminal en el que ha compartido planos con Russell Crowe, Ben Affleck y Rachel McAdams.

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SUPERIRONÍA: LOS HÉROES EN EL SIGLO XXI



La ironía siempre ha estado presente en el universo de los héroes de ficción. Creaciones clásicas del cómic como ‘The Spirit’ o el desquiciado ‘Plastic Man’ supieron conjugar el sentido de lo maravilloso con un fuerte contenido crítico y autoparódico. Sin embargo es en nuestros tiempos, como señala el ensayista Bradford Wright, cuando la ironía se ha convertido en un valor ineludible a la hora de plasmar las aventuras superheroicas: “en la era posmoderna los jóvenes están ansiosos por creer en algo; pero a la vez temen la decepción y, por eso, necesitan ficciones con la que puedan comprometerse y, simultáneamente, que les permitan distanciarse”. Frente a películas “serias” como ‘Spider-Man’, ‘X-Men’ o ‘Batman Begins’, la gran revelación de 2008 es ‘Iron Man’, el retrato de un tipo que salva el mundo sin abdicar de un profundo cinismo que ha fascinado a millones de espectadores.

No puede obviarse, por otra parte, que los superhéroes representan valores que hoy por hoy podrían tacharse de políticamente incorrectos. Suelen ser tipos introspectivos, asociales, individualistas, habitualmente con poderes o habilidades que les elevan sobre el común de los mortales, y con códigos de conducta inasumibles por las sociedades en que llevan a cabo su labor justiciera. Una labor que se halla al margen de la ley, para la que no se pide permiso al grupo, y que implica un férreo sentido de lo que está bien y lo que está mal desdeñoso para con el relativismo que domina nuestra cultura. Para que discursos tan maniqueos y radicales no tengan problemas de clasificación moral ni creen polémicas incómodas para las productoras cinematográficas, nada mejor que unas gotas de descreimiento que diluyan su impacto. Aunque nunca faltarán críticos que sigan repitiendo acusaciones de fascismo soterrado y neofeudalismo liberal a propósito, por ejemplo, de ‘Los Increíbles’.

HANCOCK NO ESTÁ SOLO



Mr. Increíble, su pareja Elastigirl, sus hijos Dash y Violet y su amigo Frozone son antecedentes directos del Hancock que interpreta Will Smith. En ‘Los Increíbles’ (2004), Brad Bird analizaba magistralmente las desventajas sociales que conlleva el ser diferente, en este caso como consecuencia de tener ciertos poderes; hasta el punto de que el film de animación producido por Pixar ya resulta referencia obligada a la hora de tratar este género tan en auge que es el de los superhéroes.

Otro tanto podría decirse de ‘El Protegido’ (2000), una de las mejores películas de M. Night Shyamalan; a un guardia de seguridad (Bruce Willis) descubrir sus habilidades especiales no le traía más que disgustos, en una narración que deconstruía con pesimismo las servidumbres y contrapuntos siniestros de salvar el mundo. En un registro más liviano, ‘Sky High’ (2005), sobre una institución que albergaba a jóvenes extradotados en los aspectos más insospechados, dejaba claro que también los superhéroes crean desigualdades entre triunfadores y fracasados, rompiendo con la proclama idealista de Spider-Man, “más poder conlleva más responsabilidad”.

Deberíamos citar también ‘Mistery Men’ (1999), en la que un grupo considerable de superhéroes fracasaba sistemáticamente en todo aquello que emprendía, siendo a la postre poco más que un puñado de frikis. Y ‘Mi Súper Exnovia’ (2006), comedia de Ivan Reitman acerca de una superheroína, GGirl (Uma Thurman), que cuando es rechazada emprende un acoso histérico contra su ex—amante que alcanza proporciones naturalmente catastróficas. Al final GGirl, o mejor dicho, su identidad como Jenny Johnson, se desvelará como una joven solitaria, inexperta en las lides del amor, que únicamente provoca lástima.

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