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Just Cause 2

Just Cause 2

¡Ahora con paracaídas ilimitados!

Un artículo de Daniel Cáceres || 23 / 4 / 2010

Rico Rodriguez, protagonista de Just Cause 2, debe detener el corrupto engranaje político de Pandak Panay, un dictador encubierto que domina la ficticia nación isleña de Panau con mano de hierro y con un nombre ridículo. Independientemente del desenlace de tamaña misión, lo realmente importante es que el agente secreto de Avalanche Studios ha regresado con un gancho mejorado, paracaídas ilimitados y una máquina de anécdotas que ya quisiera haber diseñado el mismísimo Q.

La clave de esta segunda entrega es el "caos", es decir, el jugador tendrá que promocionar la destrucción aleatoria por toda la isla para conseguir puntos que le permitan acceder a las misiones principales de la aventura. Lejos de resultar un fastidio, es muy posible que las múltiples localizaciones opcionales repletas de cositas volátiles iluminadas con una atrayente luz roja acaben convirtiéndose en la prioridad, denostando las tropelías del dictador de turno a un bochornoso segundo plano.

Cada partida será un desfile ininterrumpido de anécdotas. Por ejemplo, durante un ascenso en helicóptero por las montañas nevadas de la isla, Rico puede encontrarse con una réplica/homenaje de la instalación terrorista que hizo las veces de anfitriona para el trepidante clímax de GoldenEye. Tras un aterrizaje más o menos forzoso, Rodriguez se pone a investigar y a acribillar a los presentes, permitiéndose incluso el lujo de robar uno de los camiones del enemigo para derrapar por los bordes del satélite gigante.

Después de terminar con un sector de la pirámide demográfica de la isla, Rico decide llamar a uno de los representantes del mercado negro de Panau para comprarle un aeroplano con el que abandonar el satélite al más puro estilo James Bond. Por desgracia, el vendedor tiene la puntería en alguna parte innombrable de su cuerpo; en otras palabras, el protagonista acaba de pagar 30.000 dólares por un jet colocado del revés. Por suerte, basta con unir el vehículo aéreo a uno de los transportes cercanos gracias al gancho para enderezarlo y salir volando del lugar.

Victoria.

Lástima que Rico se haya olvidado de desenganchar el avión del camión, provocando que el primero acabe estrellándose contra los árboles colindantes.

La mini-aventura aquí descrita no es una excepción, sino el pan de cada día en Just Cause 2. No obstante, el caos será casi siempre un aliado predecible que se habrá encargado de dejar los juguetitos y los barriles explosivos bien colocados antes de iniciar la operación pertinente. Por ejemplo, de tanto en cuando Rico deberá ayudar a los miembros de una facción rebelde durante el asalto a una de las bases gubernamentales. Durante estas secuencias, el avance de los guerrilleros se verá constantemente interrumpido por puertas bloqueadas o artillería pesada, dejando que sea Rodriguez el encargado de destruir el obstáculo de la forma más espectacular posible -por ejemplo, enganchar el portador del lanzacohetes con el helicóptero que acaba de aparecer para acabar con el agente.

Asimismo, Avalanche ha mejorado sustancialmente las maniobras con los vehículos. Básicamente, Rico debe saltar o engancharse a su próximo medio de transporte, eliminar a los enemigos del interior y a continuación lidiar con el piloto/conductor para hacerse con el volante. De este modo, las persecuciones se convierten en un disfrute para aquellos jugadores con ganas de enseñarles el concepto de "ironía" a los rufianes montados en un coche armado hasta los dientes.

Por desgracia, muchos aventureros tardarán en poder imitar a la perfección a James Bond sin salir escaldados en el intento, ya que los controles son un tanto rocambolescos y suelen dar pie a trágicas equivocaciones. Asimismo, el caos es una amante exigente que echará de la cama a todo aquel que se atreva a rechazarle, amenazando en convertir su estancia en la isla en una experiencia soporífera; por no olvidar que los que se adentren en Panau buscando cohesión narrativa regresarán a sus hogares con las manos vacías. Y es que la máquina de anécdotas que es Just Cause 2 sólo sirve a la destrucción; buscarle un sentido más profundo desembocará en misión fallida.



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