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Los Simpson - especial de cine
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Los Simpson

La vida en amarillo

Un artículo de Redacción || 26 / 7 / 2007

Su llegada a nuestro país vino precedida de una campaña promocional para preparar a la audiencia como si los responsables de la 2 de TVE de aquellos días (la cadena en que se emitía inicialmente) desconfiasen de la reacción del público. Sus “experimentados” programadores del momento -quienes tenían ya algo de práctica haciendo pasar desapercibidas series de éxito- intuían una trasgresión demasiado corrosiva como para introducirla sin manual de instrucciones.

El anuncio en cuestión mostraba una familia sentada frente a la televisión con caras de repulsa y estupefacción, para con el paso del tiempo ir suavizando sus gestos hasta convertirlos en risas y dependencia a esos extraños personajes amarillos. La entrada en horario nocturno pretendía introducir un producto que quizá lograría triunfar a largo plazo -a la vista de los resultados cosechados en su tierra natal-, pero que posiblemente provocaría reacciones encontradas. No podía ser que aquello acabara por convertirse en un fenómeno de masas.

Mucho antes de que cierta cadena se hiciese con sus derechos en horario de tarde (después machacaría sus historias de 14 a 15 horas como había hecho previamente con Steve Urkel y el Principe de Bel-Air hasta lograr un odio generalizado hacia ambos al explotarlos como mero bastión publicitario), algunos ya se habían trasladado a Springfield para no volver y habían empezado a ver la vida en amarillo. Y lo habían hecho a pesar de los constantes cambios de horario de aquellas primeras emisiones en la 2 que parecían seguir revelando una cierta incomodidad hacia Los Simpson.

Parte de una tendencia desmitificadora que busca agriar las versiones dulcificadas y estereotipadas de la sociedad -y concretamente de la familia-, Los Simpson es la contraposición clara a la visión ingenua y bienintencionada de productos como Los Problemas Crecen, Padres Forzoso o Cosas de Casa. Su humor desacomplejado recuerda más al componente vitriólico de exaltación de la feldad de Matrimonio con hijos (bochornosamente españolizada en Cuatro), y que luego ha sido desarrollada en otras variantes (alguna con dinosaurios... en una de tantas series espejo citada luego por los propios Simpson) y de la que son deudoras familias animadas como las 'hermanas' (creadas por Seth MacFarlane) Padre de Familia y Padre Made In Usa, todas de la Fox.

Pero entre tanta comparación, siempre la familia de Homer queda como única e inimitable, y a la vista de sus resultados, por encima de la firme opinión de sus seguidores, puede concluirse que es uno de los productos televisivos mejor llevados de la historia.
Aun con unos rasgos claramente identificables, lo cierto es que en la evolución de Los Simpson estos se desdibujan evidenciando que este es un instrumento privilegiado para que los guionistas de sus 19 temporadas hayan ido maleando sus bases para adaptarlas a sus argumentos, unas veces críticos, otras delirantes y siempre repletos de parodias con las que no dejar títere con cabeza.

Resulta útil volver a citar la serie Matrimonio con Hijos como ejemplo de los modos típicamente televisivos: en su fase de gestación los productores presentaron el proyecto a quienes decían ser experimentados asesores de televisión y que les dieron una clave para entender muchos productos de la época: “no importa lo corrosivos que seáis, lo críticos o escandalosos, haced que al final del episodio pueda verse algo positivo y de defensa de la familia y será un éxito”. Dicen que sus creadores, poco convencidos les respondieron “vosotros sois la razón de que la televisión esté tan llena de basura”.

El caso es que en Los Simspon durante varias temporadas sus argumentos, con su clásica fórmula de una introducción que gira bruscamente para llevar a un nudo alejado del inicio que sin descansos nos lleva al desenlace, hay varias muestras de mensaje positivo o de apariencia aleccionadora. Pero son sólo una parte de un todo repleto de innumerables fórmulas en general encaminadas a la ruptura de tópicos a favor del humor, y que queda recogido de forma brillante en uno de sus episodios: con la familia reunida frente a la televisión, inmersa en la búsqueda de moraleja final, Lisa resume todo lo que les ha venido sucediendo en treinta minutos tras una búsqueda de moraleja de su madre “mamá, esta historia no tiene moraleja, son solo cosas que pasan” (episodio número 35, “Sangrienta Enemistad”).



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