En 2007, el gobierno regional de Hong Kong decretó una ley muy restrictiva con el gremio de fumadores, que prohibía en su totalidad el uso de los espacios públicos para fumar. Con esta excusa, Pang Ho-cheung (sí, sí, el mismo cineasta que rodó esa locura gore llamada Dream Home) se sacó de la chistera una comedia romántica nada previsible, forjada en la espontaneidad de esas zonas habilitadas especialmente para desahogarse con la nicotina y que tiene como máximos protagonistas a un melindroso treintañero afable (el siempre encantador Shawn Yue) y a una chica que trabaja en el Sephora (la risueña Miriam Yeung). Sus encuentros casuales, su complicidad fumadora, así como la buena sincronía entre ambos, servirán de nexo para construir un largometraje discursivo, que no esconde su crítica a esta polémica restricción legislativa, pero que por encima de todo pretende unir a dos corazones que, como su título indica, palpitan en una delicada nube de humo eterna.
En Love in a Puff (2010) se fuma mucho, tal vez demasiado, a similitud de los filmes de Jia Zhangke: sí en las producciones y docudramas naturalistas, con intencionalidad memorística historiográfica, de este famoso cineasta de la Sexta Generación, el humo que se vierte sirve como excusa estética para inmiscuirse en las minimalistas tramas, en el largometraje que presentamos, esos cigarros mal apagados son una manera directa de protestar contra una ley importada de otros países asiáticos (como en Japón, donde está terminantemente prohibido fumar en vías públicas, pero no en locales y restaurantes). Es este uno de los motivos que justifican su adhesión a la temida Categoría III (clasificación que desde 1988 restringe a cualquier filme violento y con alto contenido sexual o polémico, lo que solo pueden ser vistos por mayores de 18 años). Pero Ho-cheung ya parece curtido de espantos y está más que habituado a que sus filmes se vengan etiquetando con este distintivo, que para algunos productores y directores puede resultar pernicioso para sus aspiraciones comerciales, pero que para él no deja de ser una manera de buscar nuevos caminos para la libertad de expresión absoluta. De hecho, podemos entender ésta crónica anunciada de dos personas que terminarán amándose, a pesar de que su amor por el tabaco sea igual o más importante que el que sentirán espiritualmente él uno por el otro, como una reivindicación artística a favor de que la industria local hongkonesa pueda seguir adelante, expresándose en plena libertad, sin ataduras vinculantes con la industria cinematográfica china, siempre pendiente del férreo control gubernamental del partido comunista (recordemos que esta ex-colonia británica fue devuelta a China el 1 de Julio de 1997, convirtiéndose en una región especial administrativa capitalista).
Ho-cheung se mofa del sistema, de la ley e, incluso, la considera absurda (esos agentes de la autoridad teniendo que fumar casi de forma clandestina en una zona habilitada para ello). Del mismo modo queda plenamente representado, en una escena cómica, cómo fácilmente uno puede saltarse a la torera la ley antitabaco, poniéndole mucho morro: el chico que interpreta Shawn Yue, un miope nihilista que vive al día a día, se le ocurre encender un cigarrillo delante de un policía bobo, haciéndose pasar por un turista japonés para evadir la multa, justificando así su incomprensión ante el idioma cantonés, igual que su amada, que se hace pasar por una chica coreana. Este es el tono que adopta el filme durante casi todo su metraje, aunque inevitablemente la última media hora derive de forma exclusiva en cerrar el romance entre ambos protagonistas, si bien la manera en como se produce el “falling in love” no es nada convencional (y declino spoilers, a pesar de su dificultad para visionarla de forma legal). En realidad no se trata de una comedia romántica de manual, pues tanto el ligero giro que da la trama principal, así como la narración desacomplejada del realizador (y en este aspecto resultan sorprendentes sus primeros 5 minutos, en los que da la sensación de estar ante un filme de terror), nos regalan uno de esos inteligentes largometrajes asiáticos muy dialogados, con un trasfondo intelectual nada pedante y con sentimientos y gestos con los que el espectador se puede sentir fácilmente identificados. Y lo mejor de todo (además de que generó una secuela llamada Love in the Buff) es que la nube romántica permanente en la que viven ambos personajes la han ido formando de forma espontanea, natural, predestinados por el destino inmutable; dos gotas de agua sobre humo atmosférico.
Ediciones disponibles: editada únicamente en Hong Kong en DVD (zona 3) y Blu Ray (región A) en unas ediciones completísimas que incluyen audio comentarios, making of y escenas eliminadas.