En los albores del nuevo milenio, cuando el formato doméstico nos permitió redescubrir y ampliar nuestros conocimientos sobre cine asiático, más allá de las históricas cinematografías que conocíamos a través del VHS (léase Japón, Hong Kong y un poco Corea del Sur), llegaban títulos de procedencia incierta que nos seducían por su exotismo y sus lejanas coordenadas geográficas. Este es el caso de Snaker (Fay Samang, 2001), una coproducción rodada entre Camboya y Tailandia que reciclaba una leyenda folklórica local, en la cual una mujer mantenía un romance con una serpiente, y cuya portada del DVD sorprendía a propios y extraños al reflejar a una mujer con la cabeza llena de pequeñas serpientes, como si de una medusa griega se tratase.
A nivel histórico, esta singular producción, que también es conocida por The Snake King’s Child y que por momentos parece haber sido concebida para la pequeña pantalla, es de una importancia clave para el desarrollo posterior de la industria local cinematográfica camboyana, pues fue una de las primeras (aunque en régimen de coproducción con Tailandia, así se aseguraba una distribución mayor a nivel televisivo) que pudieron rodarse en plena libertad democrática, después de que en 1999 la guerrilla de los Khmer rojos aceptara los postulados de paz real para Camboya, abandonando así el histórico genocidio que, durante décadas, padecieron muchos ciudadanos y afectaron muy directamente el mundo de la cultura. Es de suma importancia, pues, para su reintroducción del cine camboyano en el nuevo milenio y debemos ser permisivos con sus deficiencias técnicas o su falta de ambición artística, más cuando lo único que pretendía era impulsar la industria local mediante una leyenda surgida de la mitología camboyana: la existencia de una mujer con cabeza de serpiente, fruto de la pasión amorosa entre una humana y uno de estos réptiles ofídicos. De hecho, esta leyenda ya había sido llevada al cine en 1960, interpretada por Dy Saveth, toda una diva y miss de la época.
Lo más fascinante de este largometraje, que a ojos de un Occidental puede defraudar por su empobrecida narración (que no guión, a pesar de que los diálogos no sean precisamente su fuerte), es que las serpientes que adornan la cabeza de la niña hasta que se vuelve adulta, y pretende enamorarse de un apuesto joven al que salvó cuando eran pequeños, son auténticamente reales. La actriz (Pich Chanbormey) tuvo que someterse a varias horas de laboriosos trucajes al colocarle un sombrero que simulaba ser su pelo natural y cuyas extensiones terminaban en cabecitas de serpientes. En realidad no hay ningún trucaje digital, pero si un disimulo mediante tubitos enredados que pretenden simular la adhesión de los réptiles a la cabeza. Todo un hito que realza su exotismo, complementado por varias secuencias construidas a través de canciones populares, y que hizo que centrara la atención de esos curiosos seguidores del cine oriental que ansiaban conocer otro tipo de cinematografías algo periféricas dentro del continente asiático. Y aunque no sea un gran filme (incluso algo mediocre para los estándares de la fecunda cinematografía tailandesa e incluso camboyana de antaño), su testimonio es clave para entender hasta que punto la trágica sucesión historiográfica de eventos político-militares teñidos de sangre de la Camboya del último tercio del siglo XX afectaron a la industria local. Además de reportarnos una curiosidad incidental por el cine de este país budista (cuyos preceptos aparecen reflejados en el filme a través de la figura de un monje que vela durante todo el metraje por la seguridad de la muchacha), muy famoso turísticamente por las ruinas del templo de Angkor Wat, presentes en el clímax final de esta fantasiosa pero irregular adaptación de uno de los cuentos más populares camboyanos.
Ediciones disponibles: editada únicamente en DVD por la hongkonesa Winson Entertainment Distribution Ltd. en una edición multiregión. Curiosamente, muchas películas camboyanas se salvaron de la censura y la quema durante la década de los 70, 80 y 90, gracias a que fueron trasladadas a Hong Kong.