El cine negro hongkonés, con todas sus virtudes y defectos, ha servido en un sinfín de ocasiones de clara inspiración para cineastas norteamericanos; véase sino las similitudes argumentales más que significativas entre City on Fire (Ringo Lam, 1987) y Reservoir Dogs (Quentin Tarantino, 1992). ¿Pero qué sucede cuando una discreta producción sin demasiadas ambiciones comerciales, y que por momentos parece inscribirse dentro de la serie B, es sospechosa de haber inspirado el guión posterior de otra saga cinematográfica en mayúsculas, que sí hizo revolucionar los fundamentos del polar “made in Hong Kong”? Esto es lo que sucede con Cop on a Mission (Marco Mak, 2001), una cinta con el típico policía infiltrado que termina posicionándose al lado de las triadas y que, a pesar de no ser nada del otro mundo y de encontrar ciertos paralelismos con producciones previas de los 90, contiene demasiados ingredientes básicos como para pensar que el dueto formado por Andrew Lau y Alan Mak los tuvieron en suficiente consideración para crear otra receta similar en la trilogía de Infernal Affairs (curiosamente, el primer plato de esta aclamada saga se sirvió solamente un año más tarde que el filme de Marco Mak que nos ocupa). Coincidencias totalmente lícitas y más partiendo de la base de que la industria del cine de la ex-colonia británica se va reciclando temporada tras temporada, amoldándose a los gustos y modas de sus espectadores. El resultado lo tenemos en este entretenidísimo thriller que mezcla habilidosamente los paradigmas narrativos y argumentales del cine policiaco (el poli corrupto, que se toma la justicia por su mano, que no duda en abandonar a su familia) con los del cine de triadas puro y duro (la posición sagrada e inmemorial del padrino, los machetes y la sensación de que todo está controlado por estas organizaciones originarias de la Dinastía Qing). Pura dinamita para una sesión nocturna acompañada de un buen vaso de whisky.
Sin duda alguna la popularidad de Daniel Wu (que interpreta al joven policía que, después de salvar a la esposa de un veterano gangster, pretende abrirse paso en el mundo de los bajos fondos hongkoneses) empezó a subir como la espuma en los albores del nuevo milenio, algo que por aquel entonces Eric Tsang (el actor rechoncho que como es de presuponer da vida al padrino de buen corazón que termina engañado por el agente corrupto) ya había adquirido a través de su poliédrica carrera como actor. Un duelo interpretativo que aparentemente parecía desequilibrado, pero que a medida que avanza el metraje nos damos cuenta que estas dos grandes estrellas funcionan como el yin y el yang. Un poco como ese balanceo rítmico que se apodera del largometraje y que encuentra su razón de ser en los personajes que interpretan ambos actores. Personajes que parecen construidos a similitud de los que podemos apreciar en producciones de Martin Scorsese (especialmente Uno de los Nuestros o Casino, con el que encuentran algunos puntos en común). La originalidad y diferencia sustancial entre otros productos similares (sean de la industria de Hong Kong o del cine norteamericano) es que el relato está contado en forma de bucle, siendo la introducción un avance del clímax final. Por lo tanto, todo el tramo central, ese nudo que va envolviendo al joven policía tentado por el poder de las tríadas, sirve únicamente como un descenso corruptivo a los estamentos más bajos de la sociedad hongkonesa, siempre desde un punto lúdico, algo artificioso y plástico, pero manteniendo ese culto impecable por la liturgia tríadica que suele darse en este tipo de producciones.
Más conocido por sus labores de editor, Marco Mak firma, pues, un thriller negro que bebe indirectamente de muchas producciones previas, pero que sabe en todo momento con que clichés debe trabajar para contentar a los más puristas del género. Es evidente que, en los años posteriores al lanzamiento a Infernal Affairs, el polar hongkonés parecía mucho más dispuesto a adaptarse a los mecanismos narrativos y estilísticos del cine hollywoodiense, aún contando en su haber con Johnnie To y su singular manera de planificar sus manieristas relatos repletos de “losers” que viven al margen de la ley. En Cop on a Mission (título para nada original y previsible donde los haya) se siguió la fórmula emprendida por muchos cineastas después de que Inglaterra devolviera Hong Kong a China y se buscarán nuevas vías evolutivas para la industria cinematográfica nacional para protegerla del régimen comunista; un intento de velar por la idiosincrasia histórica del cine hongkonés. Esto se tradujo en una pervivencia del “heroic bloodshed” pero adaptado a los nuevos tiempos, mejorando la logística y la calidad técnica de los productos presentados para dotar de una mayor contemporaneidad al cine nacional; una búsqueda incisiva de nuevas localizaciones por nuevos territorios que estaban siendo invadidos por un mercado especulativo emergente (esto se puede comprobar en cintas de Wilson Yip como Bullets Over Summer o Juliet in Love, y más recientemente en Dream Home de Pang Ho-cheung); y, sobre todo, la inclusión de ese ritmo tan característico, con esa fotografía nocturna algo granulada (influenciada por Christopher Doyle en algunos casos), acelerado por la enérgica trasposición de repetitivas secuencias de acción que de forma concentrada servían para llegar al esperpéntico clímax final. Pero Marco Mak va un poco más allá, ofreciendo un espectáculo visual con cierto gusto esteticista, que engrandece por momentos a los personajes y al propio largometraje (algunos ralentí y congelación de fotogramas a blanco y negro, transparencias sobrepuestas entre la mirada del policía y la esposa del padrino, etc). A mi entender, este filme encuentra ciertos paralelismos con la cinta Killer (Billy Chung, 2000), aunque el argumento de ésta última difiera sustancialmente con el filme de Mak; en todo caso conforman un programa doble ideal para ser disfrutadas en nocturnidad, que es la mejor manera de apreciar el cine noir hongkonés.
Ediciones disponibles: editada en Inglaterra únicamente en DVD (zona 2) por el sello Tai Seng en un estuche de cartón y con un libreto con cierta información relevante de la industria hongkonesa.